domingo, 7 de agosto de 2022

4 LA GUERRA CONTRA LOS HUMANOS: Todo el pasado es equidistante del presente

 



Limma, ese espejo.

 

Kilómetros de roca y tierra debajo, se extendía la invisible ciudad de Limma, solo visible por fracciones de segundo por las ráfagas de metralla. Esta Limma imprecisa era el espejo de otra más alta, que supuestamente persistía en la superficie mítica y cuyas calles vacías ya nadie recorría, sus preciosos monumentos y edificios estaban rotos y asfixiados por una atmosfera sin oxígeno, abajo, su sombra se hundía en la oscuridad subterránea dando forma a la Limma profunda donde vivían 2 viejos eromenois: Phratede y Padre.

Phratede llevaba en el bolsillo un informe de estadísticos militares que debía comunicar a Padre, una vez acabara la batalla contra los heréticos, un misterioso descubrimiento.  Todo el aire era ahora una gran explosión, de todos lados disparaban armas y no era posible distinguir al enemigo. Con cada explosión cientos de hombres morían, pero en la oscuridad era difícil saber de qué trincheras, heréticos u ortodoxos. Padre recibió las nuevas órdenes en medio del fuego, Phratede lo acompañaba valientemente entre los disparos.

—Es hora de volver al refugio, tenemos dos prisioneros singulares, además la tropa rumorea una terrible noticia sobre nuetro dios y sobre la guerra —dijo Phratede abrazando con sus gruesas formas las también fuertes formas de Padre, y enrumbaron entre balazos y pisando moribundos ahogándose en el lodo. 

Dentro, Padre hizo organizar a los prisioneros heréticos capturados, los menores irían a los orfanatos de guerra, los adultos morirían ese día. Pero buscaba al traidor.

—Ese gusano es —dijo un soldado casi niño y señaló a un delgado joven con un acné que enrojecía su piel desagradablemente. Era como un niño anormalmente alto vestido de soldado, como casi todos los demás. Dado los siglos de guerra, en esa sociedad solo había dos clases de personas: hombres u hombres incompletos, es decir niños. No había noción de juventud, adolescencia o pubertad.  

—Así que te has portado mal, vendiste información a los heréticos —empezó rudamente Phratede, como militar trataba como culpables a todos.

—No es así. He sido un contra-espía. Les di información falsa. Nada más.

—Es verdad —dijo Padre más sereno—, hizo llegar varios oficios al enemigo herético, fotografías adulteradas, conversaciones falsas. Hemos capturado su informe. Solo datos de poca relevancia y mentiras. No queda claro su intención, esto lo señala como un traidor muy singular.

—He arriesgado inútilmente mi vida a favor de la bio-religión ortodoxa, el diacono Anthonio es mi jefe directo, él me salvará, les ordeno que se comuníquen con él.

Los soldados rieron al escuchar los delirios de grandeza de ese pobre joven. Anthonio era un mítico y casi invisible hombre de poder en ese mundo subterráneo.

—El diacono es quien ha enviado la orden de fusilarlo y niega que Ud sea un contraespía —agrego Phratede.

—¡No! —dijo derrumbándose—. He conseguido valiosa información y como premio me dan la muerte —dijo empezando a llorar— y la deshonra.

—Ud ha escrito una declaración de culpabilidad —acusó Padre.

—No lo hice voluntariamente —y señalo a unos militares robustos, cuyas espaldas dibujaban una calma indiferencia y un cinismo, Padre vió las huellas de tortura y ahogamiento en el traidor y adivinó lo que había pasado. 

—Sí, me declaré culpable, pero lo hice por miedo a la tortura, mi confesión fue un fraude.

Es imposible que tantas personas conspiren tanto con alguien tan poco importante —comento Phratede—. Debemos llevarte afuera.

—¡No! —gritó el prisionero conociendo los procedimientos sumarios.

—Si tanto amas tu propia vida eres un herético, a nosotros solo nos preocupa a la vida del dios —comentó Phratede ya algo conmovido—. Si creyeras en nuestra fe no tendrías temor hijo, el dios no morirá, la vida eterna es para él, no para nosotros —agregó apoyando un brazo grueso y velludo en el hombro del muchacho.

Padre lo cogió del brazo y sintió que estaba muy frío y temblaba. Afuera esperaban unos soldados.

—¿Qué dirás al final? —preguntó serio Padre.

—Que perderán la guerra. El dios está enfermo. Así como hoy muero mañana tú morirás, solo tienen unos días más, hay algo más peligroso que viene —dijo lleno de odio. Después lloró de nuevo.

—No en esta batalla, hemos ganado y es todo lo que cuenta, solo el hoy existe, vivimos y tú desapareces —dijo uno de los soldados que lo ejecutarían.

—No, el futuro también existe, es tan real como este presente solo que no lo ven, y en él desaparecerás.

—¿Quién te ha enseñado esas cosas tan abstractas?

—Ellos, los que habitan en esa totalidad que nosotros vemos fragmentada en pasado, presente y futuro.

—¿Los heréticos? ¿Son tan sofisticados? —preguntó Phratedes.

—No.

Pero el prisionero no agregó más, Padre pensó que ya estaba loco, los heréticos, según había comprobado y a pesar de la enemistad de siglos eran absolutamente iguales a ellos. Solo los dueños de ambos mundos eran enemigos, y solo por cosas vagas, imprecisas.

—No hablo de los heréticos, tienen un nuevo enemigo y es invencible. Entre los prisioneros hay uno de ellos. Hable con él y verá… No me maten… —susurró suplicante mirando a Phratede a los ojos.

El pecho del maduro militar se conmovió, pero debía obedecer.

—Dormirás hijo. Piensa que solo dormirás.

—¡Pero no volveré a despertar! No hagan esto… —agregó desesperado—. No tendré otra oportunidad, no volveré a nacer, por favor —dijo acurrucándose indefenso en el pecho macizo de Phratede.

Al viejo militar le costó despegarlo de él.

—¿Para qué quieres volver a nacer en un mundo tan horrible? Déjate desvanecer, lo haremos con mucho cuidado. No sufrirás, nosotros también nos desvaneceremos un día de estos.

—No hay mal ni misterio en la muerte hijo —dijo Padre—, todos los días morimos por unas horas, al dormir, solo soñamos unos minutos antes de despertar, el resto de la noche no existimos, no hay mente, estamos muertos, ¿ves? no tienes nada que temer.

Los delgados verdugos se acercaron para realizar la asfixia por ahorcamiento. No podían desperdiciar municiones. Mientras dos lo sujetaron el tercero se puso detrás, el prisionero empezó a gritar sin compostura:

—¡Soy inocente! Soy inocente. Anthonio… ¿Por qué me mentiste? Pregunten al diacono Anthonio. —Y Empezó a orinarse encima y a rezar al sentir la presión en el cuello— Me arrepiento, cuanto me arrepiento… —dijo y mientras ajustaban la cuerda, empezó decir las letras sagradas: C, G, T, C, G, A, Th… con la tráquea aplastada le costó recitar el final de la letanía mortuoria, que era una vieja y sagrada secuencia de nucleótidos, sudaba copiosamente y un olor fétido salía de sus axilas. Por la poca fuerza de los verdugos demoró varios minutos en morir sofocado. Finalmente quedo su cuerpo helado y flácido sobre el suelo y la soldadera se lo llevó a las máquinas de procesamiento de cadáveres.

       Levemente demolidos por el atroz espectáculo Padre y Phratede se apresuraron a buscar al otro prisionero señalado. En el camino Phratede recordó que debía buscar el mejor momento para contar a Padre lo de los estadísticos, del hijo y el llamado que hacían de él en la central del dogma.



jueves, 4 de agosto de 2022

3 VIAJEROS DE LA ETERNIDAD: L El Dios.

 

Trillones de años después, en el atardecer del tiempo…

 El Theknos-herakon ha muerto, aunque quizás no del todo. Ahora solo tengo que encontrarte para ser de verdad L, unirme a ti y revivir a esta humanidad dormida. Ambos somos las mitades que le faltan para ser. Una vez te encuentre, terminará este naufragio de la humanidad que llaman Thecnetos. Pero pasa el tiempo y no te hallo, y este sigue muriendo, pero ¿Qué es el tiempo? El tiempo es el plazo hasta ti, una condena sin ti, pero cuando llegue y nos juntemos todos los relojes se pararán. El tiempo devendrá inútil, y desaparecerá. Contigo la misma vida llegará a su final tan largamente anhelado y la humanidad renacerá a su vida eterna, aunque no sé aún como. El Thecnetos se tambaleaba en su muerte, contiene un gran error efectivamente, tengo que corregirlo y tengo, para lograrlo, que hacerme uno con él, dejar un momento de buscarte. Por años intente comprenderlo y era como entenderme a mí mismo, pero no mi yo superficial que todos conocen, el Thecnetos me mostró un espejo muy nítido y en las profundidades de ese espejo me reveló algo múltiple y diverso sobre mí, y también, mirando en lo más hondo, vacío. Y lo más atroz, me mostró otro L, y otro M, en esa empresa, sentí que el Thecnetos me invitaba a unirme a él, a dejar mi camino hasta ti, y a abandonar a la humanidad. Cedí unos segundos, transitoriamente, la tentación era infinita como infinito es nuestro enemigo y yo que soy frente a tales fuerzas. En esos segundos me hice uno con la profundidad abstracta de su mente, no ya como un ser ajeno que pasea a su lado, sino como una consciencia inyectada en su maquinaria multi-dimensional, fui el alma que lo hacía germinar. Por unos segundos cedí a su oferta de ser algo como un Dios. Yo pasé a ser la mente que aquella inconsciente deidad que mora en las profundidades del último planeta. En él, deje mi pobre condición de ser temporal, me olvide de ser L y me olvide, brevemente de ti. Me volví un ser más allá del tiempo, tantas veces me multipliqué en sus decenas de dimensiones que ya no fui yo, fui más que yo. Me desvanecí en las alturas de lo más trascendente, elevado por aquella máquina, hecha de las múltiples facetas de lo inconmensurable. De aquel ente tan alejado de la vulgaridad del tiempo o la materia emergí a conocerme a mí mismo, verdaderamente. Por primera vez el Thecnetos se convertía en lo que mi mente pensó. Y un nuevo fin reprogramó su absoluta perfección estabilizándolo. Su múltiple eternidad viscosa entró en mí. 

Pero pronto noté, hecho uno con ese torbellino de vértigos, con ese inefable absoluto que todo lo sabe y todo lo comprende, que dentro del Thecnetos yo estaba solo. Que algo desaparecía en la lejanía, algo que yo había venido a buscar a este fin del mundo y supe que, si no lo encontraba, también yo no me encontraría. Y eso eras tú.

2 EPISTEMOLOGÍAS ARTIFICIALES. Todo sobre n

 


 


Un trillón de años después. Al borde del límite entrópico[1]

 

Amil-Urep. Las civilizaciones que aún sobrevivían se unieron a mirar el abismo que estaba delante de ellas y que los devoraría. Pero tenían al Thecnetos, aunque aún dormido e incompleto. El creador había muerto, pero tenían a su clon epigenético para terminar el trabajo.

Un hondo sonido retumbó, como si el fondo del universo se desfondara toscamente, era la aceleración de la expansión del universo rompiendo los límites más lejanos del cosmos.

Y de ese fondo venía aceleradamente una nave descomunal y negra, era toda ella una gigantesca y múltiple arma, diseñada para destruir la ciudad.

Estallaron las sirenas en Amil-Urep, largas columnas de luz se elevaron para ver en la negrura al enemigo. Pero este era todavía un punto lejano y a una gran altura, el humo que se debatía en torbellinos no dejaba verla, pero esa nave apuntaba al Castillo de Metal, en cuyo centro se armaba al Thecnetos. Pero ¿De dónde venía? ¿Quién la enviaba?, ya habían acabado las guerras, y no había en todo el cosmos otra especie que la humana. Ahora el enemigo era la nada, no el hombre. Al saberlo, de la ciudad salieron contingente de naves y armas.

La negra nave ya caía en picada sobre la ciudad, aunque a gran altura todavía, era tan grande como el Castillo de Metal y a cierta altura empezó a desarticularse en diversidad de artefactos, bombas, núcleos de radiaciones, fábricas flotantes de veneno químico y autómatas suicidas de diverso tamaño, que, suspendidos en el aire, caían sobre la ciudad, formando una nube oscura, aunque lejana, como una lluvia negra que recién se condensara anhelante de llover y morir sobre Amil-Urep. Una miríada de vertiginosas naves salieron de la ciudad y ya subían a interceptarla y a combatir con ese enemigo, como una lluvia inversa de violento metal.

Los primeros pilotos se hundieron en esa nube de artefactos y empezaron a atacarlo, era normal que todo ese primer grupo muriera, cosas artificiales saltaban sobre ellos desorientando su vuelo y haciéndolos chocar.

Pronto se notó que no había nadie en esa nave, la misión era hacer estallar su cargamento, miles de veloces naves aguijoneaban traspasando esa mortífera cosa en caída libre.

—¿Quién ataca? —preguntó el pequeño fvogelfit a su padre Petrock desde la parte trasera de la nave.

—Nadie lo sabe, y no es la primera vez. Acaso el mismo universo ha creado ese enemigo contra nosotros. Es antinatural lo que tratamos de hacer —contestó el hercúleo Petrock mientras atravesaba y eludía vertiginosamente ese caos que se desplomaba sobre la ciudad, haciendo volar todo lo que podía en esa masa cayente.

El cielo sobre Amil -Urep ya era todo fuego y explosiones por la batalla. Había tardado en despegar, pero frenéticamente ascendió la afilada nave de Ayazx. Se hundió gritando de viril emoción en medio de esa explosión múltiple destruyendo más enemigos que nadie. Pero ningún enemigo murió. 

En tierra su hijo, n, que tenía prohibido subir a la nave esperaba inmóvil y avergonzado, preocupado. A pesar de la defensa, miles de artefactos venenosos o explosivos cayeron alrededor de él haciéndolo temblar de miedo. Quizás su padre espera regresar y verlo muerto. A pesar del terror que le causaba, hubiera querido acompañar a su padre en la nave, como hacían todos los hijos de los guerreros, pero Ayazx no se lo permitió para que no lo estorbe. Caían múltiples cosas sobre el Castillo de Metal. La ciudad se hubiera incendiado si no se hubiera quemado ya tantas veces antes.

Los muertos eran miles, pero el Thecnetos seguía intacto, y se registró en él un pequeño movimiento, los daños al Castillo de Metal se consideraron minúsculos y los de la ciudad no importaban. Aquella arma de todos modos era primitiva, su tecnología era arcaica y fácil de enfrentar. No hubo prisioneros pues nadie la tripulaba. Fue una pelea a solas. Los soldados sobrevivientes bajaron a sus rutinas, una tenue y lenta lluvia de fragmentos negros de su enemigo ya destruido caían sutilmente acariciándola.

Arriba, el cielo era arañado de delgadísimos hilitos luminosos, eran unas pocas armas destruidas fácilmente. Abajo, casi ocupando todo el espacio, se alzaba terrible el Castillo de Metal, en cuyo corazón de hierro se construía al Thecnetos. 

Dos altas y voluminosas figuras se aproximaron al temible edificio, dos descomunales guerreros, cuyas voluminosas carnes oscilaban al moverse, los acompañan dos siluetas pequeñas, sus respectivos hijos, tan disciplinados como ellos y vestidos también militarmente. Llegados finalmente a su destino, se presentan y unen al regimiento que protegía los laboratorios del castillo.

—¿Qué hacen esos Thaumasios? —dijo la alegre voz de fvogelfit a su padre, un guerrero de mirada disciplinada y limpia.

—Construyen la muerte —respondió Petrock al vivaz niño.

—¿El Thecnetos? Nuestro enemigo —dijo lleno de emoción ávida de aventuras fvogelfit.

       Ayazx miró la casta belleza de Petrock y para iniciar la amistad comenta a Petrock y a su hijo sin dirigirse al suyo:

—Esos pobres técnicos tienen su quimera, el Thecnetos, pero es una máquina impotente como su creador que ya es polvo, jamás despertará. Lo abiótico se prepara para tomar el protagonismo de este universo. Y perdernos. Esa cosa enviada por lo invisible es un anuncio. Y es lo mejor.

       Casi a solas de los demás, n, hijo de Ayazx se siente apesadumbrado y lejos del grupo, sobrevivió, pero eso no parecía importarle a nadie, sus ropas militares no asientan con su aspecto débil, con dudas su mano infantil busca la fuerte mano de su padre. Trata indeciso suavemente de tocarla, pero una vez que se anima a sujetarla tímidamente, Ayazx fastidiado lo rechaza bruscamente.

Adentro del hermoso y terrible Castillo de Metal los terribles Thaumasios Hekantokeinos, dueños del mundo, conversan:

—Acaso en sus restos aún quedan algunas ideas más, la mente no es más que semántica bio-química y tarda en descomponerse, por eso los recuerdos duran más que la vida misma —dijo Orf, uno de los sabios Hekantokeinos a Herakón delante de cierta materia en descomposición muy avanzada, un fétido tejido atravesado de cables. Ese grupo de Thaumasios venidos de otras meta-corporaciones trabajaban denodadamente para rescatar del cerebro muerto de L, algunas ideas grabadas en sus tejidos cerebrales, ideas que les permitan revivir a la gran máquina inútil. El diseño del Thecnetos era minucioso pero incompleto y no había forma de crear esas partes faltantes del manual que había dejado el creador, ahora muerto. Cuando L murió, su cuerpo se descartó sin ceremonias, pero cuando el Thecnetos ya construido se mostró inerte cundió la desesperación, años costó encontrar sus restos en lo helado y oscuro del Aether, pero se buscaron con la esperanza de completar el diseño. La red neuronal despedazada de este era copiada en sistemas informáticos, pero la descomposición solo había dejado frases y balbuceos caóticos, escombros de una mente. Con ellas un programa rompecabezas dedujo ideas y pensamientos, pero eran un conglomerado caótico de emociones atravesadas de pensamientos racionales en lucha y contradicción tortuosa, ese laberinto mental era más informe que el manual para hacer al Thecnetos y contenía misterios mensajes e inútiles prosas, incluso poesías, pocos sabían cómo podría ayudar al desesperado plan de salvar a la humanidad, pero no había otra vía. Fue Herakón al que se encomendó completarlas y perfeccionarlas. Los métodos debían ser radicales y una parte de esas ideas, es decir de la mente del Thaumasios muerto L, se grabarían en el núcleo más íntimo del Thecnetos y también en el mismo cerebro de Herakón, aunque en desorden y despedazas por la muerte y por la personalidad ya quebrada de aquel Thaumasios. El trabajo de los científicos lo custodiaban cientos de guerreros como Ayazx, acompañados siempre por sus hijos-juguete.

Ese día se fundía la mente de Herakón con esta información para que lograra ser más eficiente en comprender un modo de despertar al Thecnetos. Herakón obedecía, perderse a sí mismo un poco no le debía importar. El yo no importa, solo la función.  

—¿Qué se hizo con el cuerpo de L? —preguntó fvogelfit a su fuerte padre.

—Fue descartado —respondió Petrock con alguna compasión por aquel técnico muerto del que todos hablaban—. Pero se pasaron algunos de sus recuerdos y emociones a la mente de una máquina y de ahí pasarán a la de Herakón, este perdería su personalidad en el experimento. Pobre anciano.

—Tendrá un yo híbrido… Ese L nacerá un poco dentro de él —dijo asombrado y emocionado el niño-juguete, luego con esos ojos redondos y traviesos miró la soledad del niño-juguete n, verlo detuvo su entusiasmo, y compasivo, quiso darle su amistad. De hecho, lo reconocía.

—El viejo Herakón no sabrá quién es desde este día —agregó sádico Ayazx con un cierto regusto por la desgracia ajena.

Fvogelfit abrazo las fuertes piernas de Ayazx, que pronto se convertiría en eromenos de su padre, entusiasmado por la fantástica ciencia que ahí ocurría. Ayazx simpatizaba con los niños, le acaricio la cabeza al sentir los fuertes bracitos y rio indisciplinadamente, el suyo era tan insípido, no reía nunca.

—Aceptaré eso —dijo el Thaumasios sujeto por dolorosas tecnologías pero pídales silencio a los esclavos agregó, detestando la anarquía que reinaba desde el surgimiento de la endeble trans-meta-corporación.

       Avisados de la orden por otros recios gigantes, Ayazx cargo cariñosamente en sus hombros a fvogelfit y los 3 abandonaron la sala principal. Harían guardia afuera. Aún debían obedecer. Aún eran esclavos. Pero no había seguridad de hasta cuándo. Como el universo, esa sociedad tambaleaba y perdía su estructura, n los siguió a cierta distancia, le costaba pues sus piernas enfermas no eran tan veloces como las de aquellos, pero no debía alejarse mucho o Ayazx le lanzaría una terrible mirada, n más que acompañar a su padre simplemente lo esperaba siempre cerca, con el anhelo de quién ha aceptado amar a quien no lo quiere o con la taimada táctica de los desahuciados que se obligan a querer a los que los ignoran. Su vida dependía de ello.

       Debajo de todos estos personajes minúsculos, el Thecnetos dormía y se agitaba invisible en su inerte sueño trans-dimensional. Si no despertaba la humanidad se perdería. Y si despertaba también.

Él era ese abismo que todos miraban y cuyos ojos permanecían siempre cerrados, y acaso solo se abrían cuando esos hombres, perdidos en sus anhelos, le daban la espalda.

       Pero mejor será contar todo desde el comienzo…



[1] Época que alcanza todo universo cuando el desorden termodinámico es casi total y ya no hay energía libre para ser usadas por las máquinas o por los seres vivos, aunque persisten aún la materia y el tiempo.

1 LA GUERRA CONTRA LOS HUMANOS: Mientras llega el futuro.

 


 


13,8 billones de años después del inicio del universo[1]

 

Poco después del primer instante sin pasado, el cosmos se desparramó y colmó la nada en interminables nebulosas, planetas, asteroides, cometas, estrellas espectrales, estrellas de quarks, estrellas de preones, cúmulos galácticos, agujeros negros, blazers, supernovas, cuásares, enanas blancas, pulsares, astros de energía oscura, objetos BL-Lac, ULIRGs, súper cúmulos, galaxias lenticulares, starbursts, gravastares, magnetares, cefeidas, nubes moleculares, objetos de Thorne–Żytkow, planetas pulsares, estrellas de bosones, singularidades desnudas,  galaxias comunes, galaxias seyferts, radiogalaxias y todavía millones de otras cosas aún más raras. Como una microscópica semilla es germen de un interminable bosque, como una célula miles de veces más pequeña que un punto en este texto da génesis a los gigantes devoradores de mundos, el cosmos fue una vez casi nada y es ahora interminable, infinitos paisajes de detalles precisos lo colman incesantemente. El ser es así, espejo del infinito. Pero acaso, como el precario reflejo de la luna en el agua, el universo es solo un reflejo remoto del multiverso, al que le debe su ser y que flota tan alto e indiferente de él, en el Aether, del que nunca podemos ver su perfección.

La historia del universo no es más que el cambio de un universo ordenado absolutamente a uno desordenado absolutamente. De la anti-entropía[2] absoluta a la entropía[3] absoluta. La guerra de la anti-entropía con la entropía es la historia del cosmos, y de este libro, sin esa guerra en el centro del ser, no existiría el tiempo, que es acaso el único concepto en el que deberíamos meditar. Conocemos la evolución del universo después de un instante. Un instante no es infinitamente pequeño, es un tramo, pues son hay nada que sea y que no dure algo, y un instante dura un tiempo de Planck o sea 10-46 segundos. Antes de ese punto la meta-filosofía no puede teorizar. Pues más allá del universo no se puede pensar. Pues se piensa el universo no se piensa nada. Prueba que antes de ese instante no hubo nada. Los límites del mundo son los límites de nuestra mente y no se puede pasar más allá de él sin dejarnos a nosotros mismos. Por eso antes de ese primer instante solo hay una rara “singularidad”, que indica que la anti-entropía es infinita y que la cognición es calculable en cero. Es decir, no se puede pensar lo infinitamente perfecto o lo vacío, y acaso signifique esto que esas dos cosas son una sola. El universo, entonces, cuando nació, empezó a caer de la perfección absoluta, se perdió de la eternidad incognoscible que lo parió, y se extravió en el devenir temporal que conocemos y que nos corrompe.

Y empezó todo con un doble parto, luego, una colosal guerra entre un universo de materia y otro de antimateria empezó. Ambos, millones de veces más grandes que este, se canibalizaron mutuamente y de los restos de esa batalla a muerte quedaron solo minúsculos escombros, hijo de esos padres que se odiaban[4] y que llamamos universo.

Pero hay algo pequeño al margen de estos colosales mundos en pugna, en un rincón oscuro e inmóvil de sus vastedades, hay trazada una pincelada cualquiera, diminuta e innecesaria de ese fresco sin término, a mucha distancia de esos ruidosos protagonistas cósmicos, flota un planeta opaco y triste.

Pronto (en términos cósmicos) ha nacido en él la vida sensible, pero al poco tiempo está ya está muriendo como muere todo lo que atolondradamente nace. La superficie de ese planeta, como tantos, es aburrida sequía, asfixia y radiación, sus paisajes repiten una misma geología anóxica y muerta, lo surcan huellas de una remota erosión que ya ceso del todo, dejando una quieta inmovilidad. La búsqueda de vida exterior de algunas civilizaciones extraterrestres más evolucionadas llegó alguna vez a este planeta y paso de largo dada su esterilidad, las miles de inteligencias del cosmos surgidas 13,8 billones de años después del “surgimiento del ser” ignoraron, hasta que fue demasiado tarde, que bajo de su superficie, muy debajo de rocas y ruinas, una tosca forma de vida se empeñaba en persistir. Su lenta extinción tomaba siglos, no la extinción de una especie, sino la muerte de la vida misma. Debajo de la quieta superficie, los humanos aún nacían para pelear y morir en una guerra ahora entre dos dioses, una guerra subterránea y relativamente minúscula que germinaría como germinó el cosmos y que terminará matando al universo y a la numerosa vida que contenía.

13,8 billones de años después de inicio del universo[5], en ese punto pobre y borroso empezaba el fin. Este planeta llamado por sus primitivos pobladores “Thierra”, tiene una mortal superficie quemada por las radiaciones electromagnéticas UV-C proveniente de la estrella más cercana y por la radiación cósmica primaria de electrones de alta energía que terminan de quemar los viejos ecosistemas que parece alguna vez existieron en él. Ahora la corteza terrestre está hecha de capas sobre capas de construcciones, ciudades muertas sobre otras ciudades todavía más muertas formando una geológica estratificación artificial, bajo la cual viven los “Homo sapiens sapiens”. Uno de ellos un extraviado adolescente.

       En la oscuridad, edificios de geometría retorcida, imbricándose sin cesar sobre sí mismos, sólidos, ásperos, grises y helados, tejen sin cesar surrealistas e indiferentes formas de pobreza. Se juntan y desligan como los órganos diseccionados y muertos de un organismo grande y desordenado, vórtices sucios y opacos, huecos oscuros y vértices ampulosos, esquinas y series de líneas de cemento húmedo y polvoriento. De entre este caos, confuso de lo que le rodea sale sin saber de dónde el núbil eracom. Y esta ciudad subterránea que agota las distancias es el más perdido rincón del mundo: Limma.

Es la ciudad más silenciosa y olvidada de la Thierra profunda, luego del lento atardecer de la primera civilización humana. Limma es como un barco despedazado y roto, que flota sin vida en el tiempo, un tiempo que se bambolea indeciso entre ir hacia adelante o hacia atrás. Y frecuentemente se queda simplemente quieto sin que nada pase.

Esa ciudad hundida en lo oscuro es surcada por corredores, calles y plazas todas techadas, copiada desplomada de una superior, que dicen solo es parte de la imaginación o la temerosa premonición. Cientos de metros bajo tierra, un hormiguero de habitaciones interconectadas, calles ladeadas suben y bajan conformado sus barrios, sus distritos, sus sórdidos callejones. Entre edificio y edificio hay roca donde antes había aire, túneles permiten ir de un edificio a otro, alumbrados por una luz ámbar y tenue, se desdibuja su geometría en la niebla artificial y caliente que los sofoca. Una humanidad torcida de una enfermedad incurable que envilece su corazón y envenena su material genético la pulula.

Y por esos caminos sin destino, por esa ciudad carcomida de soledad, inicia su búsqueda el adolescente eracom, que alguna vez será en un invisible futuro un terrible Thaumasios o un científico despedazado por el amor, ahora, a salvo de ese futuro que no existe en ningún lado, es la primera versión de un hombre destinado a caminar por la eternidad y a ser dos hombres y ninguno.



[1] Millones de años más, millones de años menos, la edad actual del universo.

 

[2] Orden, perfección.

[3] Desorden, caos.

[4] En física llamada violación de la simetría cp

[5] Millones de años más, millones de años menos de la época actual.




0 INTRODUCCIÓN

 



 

SOLICITUD DE OFICIO: Los otros universos existen o existieron. Es difícil decirlo, pues el tiempo empieza y termina en cada uno de ellos. De los otros universos sabemos que “son” pero no existen en este instante que leemos, no flotan paralelos al nuestro, ni están en nuestro pasado ni más allá del futuro, los otros universos están fuera de nuestro tiempo. Pero la cosmo-paleontología tiene sus técnicas y estudia en el nuestro, huellas de aquellos universos ya desaparecidos. Estos tres textos[1]son lo único que queda de un universo que una vez existió y son el eco final de la vida que contuvo. Pero ese eco pronto se extinguirá. Fueron encontrados en la anomalía 234532rwn534k[2], los primeros estudiosos creían que se trataba de anexos descartados de una versión final, o acaso capítulos apócrifos y perdidos de un documento llamado Thecnetos y por eso la colección se denominó tempranamente Thecnetos2, híper-thecnetos o Thecnetos2.

Actualmente hay consenso de que es una colección de textos inconexos entre sí, pero todos relativos a un mismo tema y dentro del mismo universo, aunque muchos se revelaron después completamente ajenos e incongruentes con el todo o con el grupo en el que se compiló[3], solo la costumbre y su procedencia del mismo universo los mantiene unidos al todo. También los une su filiación hipotética al misterioso texto denominado “Thecnetos”, perdido o según algunos expertos, inexistente. Este texto fue erradamente supuesto por los primeros cosmopalentólogos que estudiaron la anomalía 234532rwn534k antes de que madurara la disciplina, pero pronto murió la esperanza de encontrarlo.

Dada la cantidad de tiempo que dicho material lleva almacenado en el organismo de memorias exo-cosmo-paleontológicas sin dar ningún fruto ni motivar ninguna investigación productiva, se solicitó su destrucción permanente, agregándose a la lista de numerosos ingresos estériles a ser borrados.

Esto se motivó también en el hecho de que algunos especialistas han declarado que tal texto central (Theknetos 1) no existe realmente, de hecho, todos los estudiosos contemporáneos, incluso los que apoyan, como yo, la decisión de conservar este compendio, aceptan que, de haber existido este texto, está perdido del todo y es irrecuperable.

Algunos declaran que es más correcto denominar al compendio Epithecnetos o Thecnesies II, e incluso simplemente Thecnetos, dado que es el único texto real que poseemos y que no hay en nuestras manos un tal Thecnetos I. Sin embargo, la costumbre entre los pocos estudiosos de llamarlo Thecnetos 2 (Thecnetos 2 y 3 en su división ortodoxa/Thecnetos 2 y ∞ en la heterodoxa) ha perdurado y se ha impuesto, incluso entre los incrédulos de que tal hipotético libro exista.

También se ha señalado, con fuertes argumentos, la falta de unidad de esta triple colección, tal opinión sugiere el nombre de capítulos apócrifos, pues, aunque algunos apuntan a la existencia de ese texto central, no creen que estos textos estén conectados legítimamente a ese o entre sí.

La escuela pragmatista condenó que se usara en textos académicos la palabra Thecnetos (sin significado) y sugieren que es un signo polisémico o acaso solo un artefacto de ese remoto exo-lenguaje y que no significaba en realidad nada, que acaso anotaba algún énfasis o declinación del modo oral de tal lengua, a la que estos criptogramas aluden nebulosamente y que traducimos a nuestra semántica.

Como se observará de inmediato, los 3 textos no parecen guardar relación unos sobre los otros más que nebulosamente. Solo los une la mención permanente del término “Thecnetos”, palabra que, como muchas otras y como aclaramos antes, carece de traducción. Hay sí términos comunes, pero acaso significan cosas distintas dadas las diferentes épocas o lugares a las que corresponden, tampoco es seguro que cada uno de los tres textos pertenezca a un sola época o lugar. Disponer del texto original podría ayudar a unir y dar sentido esta colección de piezas de rompecabezas, piezas que no forman una figura común, sino varias distintas que serían, estas sí, las piezas abstractas de un mismo rompecabezas común llamado Thecnetos. Es quizás esta naturaleza quimérica la que explica la esterilidad de las investigaciones emprendidas.

Aun así, este investigador considera que aún es necesario y justificado la conservación de estos epigramas en las memorias exo-paleontológicas y pide suspender su eliminación o que se postergue unas décadas con la condición de que en dicho plazo haya por fin dado algún fruto a los estudios generales, investigaciones que acaso resuelvan su confusión y desorden, a veces abrumadora.

Aunque admito que está perdido su sentido final, como está perdido el universo del que habla, un universo ya borrado y disuelto, como perdidos están sus protagonistas desde que su universo murió. Un universo que ya no existe en ningún lugar.

 

Alegato de oficio para los ARCHIVOS DE COSMO—PALENTOLOGÍA #1gd3, ingreso de solicitud de conservación de la colección de 3 tesis de anomalías cósmicas en el sector 234532rwn534k, proceso para desclasificación de archivos denominados Thecnetos 2 de la lista de textos a eliminar permanentemente.

 

 

 

 

RESULTADO FINAL DEL PROCESO: Solicitud rechazada y destrucción del texto en marcha.



[1] A la sazón: La guerra contra los humanos, Epistemologías artificiales y Viajeros de la eternidad.

 

[2] Una anomalía cósmica es la cicatriz en nuestro universo de un lejano roce o choque con otro universo.

 

[3] Señalados en el texto como apócrifos.

00 Presentación

   


A Odswardth

 

Ah, el Emisario! Uno de estos días he de encontrarte entre los paisajes hermosos y lejanos de este mundo que se pierde; quizás te halle mirando el horizonte con tus ojos desfondados. Qué importa que el tiempo sea vasto como el vacío que me rodea; ¡Millones de millones de años he esperado para encontrarte!

Pienso primero adentrarme en el otro hemisferio del planeta.

No me desesperan los paisajes incansables que recorro y que aparecen uno detrás de otro, siempre sin un fin a la vista. No me amedrentan los millones de días que paso recorriendo los grises desiertos de este fin del mundo. Calmadamente entiendo y registro el mundo, no temo borrarme de tanto andar entre las ruinas, ni me importa extraviarme o desaparecer. Aún si así pasara, miles de veces podría volver a nacer, miles de vidas podría buscar y no encontrar nada, podría extraviarme en miles de planetas tristes como este, pero sé que, al fin, en uno de estos polvorientos paisajes, he de encontrarte…

 

 

Alguna insinúa que hace ya siglos que no existe la Compañía y que el sacro desorden de nuestras vidas es puramente hereditario, tradicional; otra la juzga eterna y enseña que perdurará hasta la última noche, cuando el último dios anonade el mundo.

La Lotería en Babilonia "FICCIONES" — Jorge L. Borges.

 

La conciencia es la pesadilla de la naturaleza.

El aciago demiurgo, 1969, Emil Cioran

 

Recuerdo, por ejemplo, cuando nos desvestíamos juntos en una casilla. Yo flaco, débil, enjuto; tú, fuerte, grande, ancho. Ya en la casilla me sentía miserable, y no solo frente a ti, sino ante el mundo entero, porque tú eras para mí la medida de todas las cosas.

Carta al Padre. Frank Kafka

 

El tiempo es la imagen móvil de la eternidad.

Platón

 

«Yo descansaré luego, pero tú andarás sin cesar hasta que yo vuelva, hasta que no nazca niño alguno» o «hasta que la mujer deje de parir»

 Jacob Basnage, Historia de los judíos.

 

Españarri martirizo y dio muerte a Inkarri, dispersó sus miembros por los cuatro rumbos del Tawantinsuyo y enterró la cabeza en Cuzco, esta cabeza está viva y regenerando en secreto el cuerpo de Incarri, cuando se reconstituya, volverá a derrotar a los españoles y a restituir el imperio, y volverá el orden y el buen gobierno. Conferencia: Captura y Muerte del Inca Atahualpa. Emitido en directo el 22 agosto 2019.  https://www.youtube.com/watch?v=W71RsAthxyg&t=3700s

 

«Y es que para todos los vivientes que son perfectos -es decir, los que ni son incompletos ni tienen generación espontánea- la más natural de las obras consiste en hacer otro viviente semejante a sí mismos -si se trata de un animal, otro animal, y si se trata de una planta, otra planta- con el fin de participar de lo eterno y lo divino en la medida en que les es posible: todos los seres, desde luego, aspiran a ello y con tal fin realizan cuantas acciones realizan naturalmente (…). Ahora bien, puesto que les resulta imposible participar de lo eterno y divino a través de una existencia ininterrumpida, ya que ningún ser sometido a corrupción puede permanecer siendo el mismo en su individualidad, cada uno participa en la medida en que le es posible, unos más y otros menos; y lo que pervive no es él mismo, sino otro individuo semejante a él, uno no en número, sino en especie». (Aristóteles, 1978 p.179)

 


T  H  E  C  N  E  T  O  S 2  

(Hiper-thecnetos)

 

La guerra contra los humanos, Epistemologías artificiales, Viajeros de la eternidad y otros textos apócrifos sobre el tiempo.

 

Luis Arbaiza

 

 

 

Con colaboraciones de:

Hans Rothgiesser

y

Glauconar Yue.

 

 

9na edición.

2022 (Si el tiempo existe)

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 


 

Luis Arbaiza.

THECNETOS2 2022

9na Edición

 

 

Arte de la tapa: Luis Arbaiza

 

Impreso en Lima Perú. Mayo 2020